“EDUCACIÓN ESPECIAL CON VERDADERO ENFOQUE INCLUSIVO ¿DE DÓNDE PARTIR?”

Seguimos compartiendo nuestros primeros textos, este fue publicado el 13 de noviembre de 2018; un día después de dar a conocer oficialmente al colectivo.

Un artículo de Víctor Santos Catalán

Maestro en Desarrollo Educativo por la Universidad Pedagógica Nacional (UPN)
Licenciado en Educación Especial, área de atención: Visual/ Egresado de la Escuela Normal de Especialización (ENE) de la CDMX.

Víctor con sus padres, celebrando su graduación de la Maestría.

En este texto, se toma como eje la noción de discapacidad, para plantear ideas y condiciones de partida que garanticen a los alumnos en esta condición, el ejercicio real de su derecho a recibir educación de calidad.

Aclarando que la discapacidad es una condición de vida del sujeto y no una enfermedad.

La intención no es presentar una perspectiva excluyente o de segregación; sino, resaltar que el diseño, la implementación y seguimiento de la política de “Educación Inclusiva” en el Sistema Educativo Nacional, exige considerar los conocimientos, debates y participación activa de otros profesionales en el campo que desde sus disciplinas específicas, propongan más bases necesarias para incluir con calidad a los sectores de la población, tradicionalmente marginados.

En la actualidad, la Secretaría de Educación Pública (SEP), a través de la Dirección de Educación Especial (DEE), establece en su Planteamiento Técnico Operativo (PTO) siete poblaciones con prioridad de atención, al considerarlas en riesgo de exclusión y/o marginación, siendo estas: personas con discapacidad, migrantes, indígenas, personas en situación de calle, con enfermedad, con talentos específicos y aptitudes sobresalientes (SEP, 2015).

No obstante, el trabajo pertinente para las otras seis categorías que se introducen, solo se vinculan con la discapacidad mediante la posible negación del derecho a la educación de calidad; la atención y formación de los alumnos incluidos en esas categorías rebasa por completo los conocimientos y habilidades de quienes nos formamos en la Educación Especial.

Aceptarlo, no significa reconocer nuestra incapacidad profesional, sino asumir una postura ética que implica la delimitación pertinente de cada ámbito de acción. Las realidades cotidianas de las escuelas de Educación Básica (Jardines de Niños, Primarias y Secundarias), señalan que en cada una de ellas, es indispensable la presencia y participación de otros docentes especializados que, de manera articulada, propicien la trasformación de los contextos, y con ello, el Sistema Educativo sí responda a las singularidades de los estudiantes. Se trata de utilizar las acciones afirmativas y la discriminación positiva, en pro del reconocimiento, la valoración y legitimación de todas aquellas diferencias inherentes a la diversidad.

Para que el enfoque de Educación Inclusiva sea un proceso de implementación, y no de implantación fría, requiere trascender la mera aplicación de leyes, normas, reglamentos y/o disposiciones oficiales que responden a los marcos de acción impuestos por organismos internacionales, y que sin mediación alguna, carecen de sentido en las vidas de los y las estudiantes a quienes se pretende incluir.

Conviene que docentes, familias, autoridades y demás figuras educativas, dejemos de pensar la inclusión en términos de simple igualdad y que, con el horizonte de las nociones de igualdad formal e igualdad sustantiva, volteemos la mirada para comprenderla de manera integral. Una discusión conceptual de esta naturaleza, contribuye a la comprensión de que, de principio a fin, la inclusión debe tener las cualidades de calidez y aprehensión para acercarse a quienes han sido y son vulnerados.

La reciente disposición de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), representa cabalmente, los cúmulos de ideas y aspiraciones que tienen algunos sujetos respecto a la Educación Inclusiva; demostrando sus conocimientos en materia de leyes pero evidenciando su ignorancia en todo lo referente a procesos y necesidades educativas de estudiantes con discapacidad.

No es que sólo algunos alumnos requieran de atención especializada por enfrentar condiciones que implican altos grados de dependencia, sino que, toda persona en cualquier situación específica, merece ser tratada con dignidad y de manera diferenciada. Siendo esto último lo que sustenta la importancia, permanencia y la urgente necesidad de fortalecer la Educación Especial en México.

Continuar con la formación de maestros especialistas en discapacidad, simboliza que el Estado garantiza a ese sector de la población la oportunidad de recibir educación de calidad.
La desaparición de los programas de Educación Especial a través de la transformación violenta de la Licenciatura en Educación Especial en Licenciatura en Educación Inclusiva significa la pérdida de profesionales con la preparación necesaria para el trabajo específico y la atención que requiere el alumnado atípico. De llevarse a cabo, los próximos Licenciados en Inclusión, serán una suerte de supervisores internos en las escuelas, cuya función principal será observar y vigilar la aplicación indistinta de leyes, normas y programas descontextualizados que ignoran o niegan la diferencia.

Cabe cuestionar:

➡️¿Quiénes enseñarán el sistema de lectura y escritura Braille, Dactilología, Lengua de Señas Mexicana (LSM) o el uso de tableros de comunicación, entre otras didácticas específicas a los alumnos que dependen de estas herramientas para comunicarse y para aprender?

La misma interrogante surge en relación al trabajo con alumnos hablantes de lenguas indígenas, extranjeras o cualquiera de las otras poblaciones con prioridad para la SEP; en cada caso específico, parece que la respuesta es similar: el modo en que actualmente se desarrolla el trabajo en Educación Especial y en las escuelas regulares, aunado a la unificación de múltiples perfiles en uno solo, es en sí mismo una Barrera para el Aprendizaje y la Participación que el Sistema Educativo impone a los estudiantes.

Es imperioso exigir que los servicios de atención a grupos vulnerables estén conformados por especialistas en discapacidad, indigenismo, bilingüismo, capacidades sobresalientes, etc.
A cada especialista se le debe formar en su área específica con una orientación inclusiva que propicie el desarrollo integral del alumnado bajo su cargo.

Como maestros en servicio, maestros en formación y profesionales involucrados en los procesos educativos; es nuestro deber exigir que todas las escuelas cuenten con la infraestructura (rampas, canaletas, señalizaciones visuales y auditivas, mobiliarios adaptados, baños en los salones, etc.), las herramientas y el personal necesario para garantizar la correcta inclusión de los alumnos, así como luchar por el fortalecimiento de los programas de Educación Especial y por la permanencia de la Licenciatura en Educación Especial en todas su áreas de formación.

Si estas condiciones no se cumplen (como es el caso), “incluir” a los alumnos en las escuelas así nada más, significa ir en contra del discurso de educación inclusiva y vulnerar el derecho de todos los mexicanos a una educación de calidad.

“Nada de nosotros, sin nosotros”.

Víctor Santos, es uno de los pocos maestros ciegos egresados de la ENE; ha luchado por el fortalecimiento, permanencia y transformación de la modalidad de Educación Especial desde 2009. Él es resultado de esta disciplina y de la política de integración.

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