Ser discapacitado o persona con discapacidad…

📆 Texto publicado el 3 de diciembre de 2018, en el marco del “Día Mundial de las Personas con Discapacidad”.

A lo largo del tiempo, se han creado distintas representaciones en los imaginarios sociales respecto a las personas con diferencias físicas, sensoriales, orgánicas y psíquicas.

Ello, ha correspondido al uso de términos como: “malitos”, “idiotas”, “enfermos”, “impedidos”, “minusválidos”, “atípicos”, “anormales”, “discapacitados”, y últimamente: “personas en situación de discapacidad o con discapacidad”.

Sin embargo, el tránsito de una noción a otra solo se ha dado en algunas esferas sociales, pues, parece que exceptuando los ámbitos legal y académico, es frecuente escuchar en la vida cotidiana de casi cualquier persona referirse al “otro” como “el malito”, “el enfermo”, “el pobrecito” y el que tiene “capacidades diferentes”.

Ahora que están por finalizar los primeros veinte años del nuevo milenio, es necesario reposicionar el lugar social que ocupamos las personas con discapacidad para ejercitar nuestra ciudadanía en plenitud, y con ello, que la construcción de identidades individuales y colectivas dignifiquen nuestras presencias.

Nombrarnos como personas en situación de discapacidad o con discapacidad, representa el reconocimiento de que en nuestras formas de vida y de convivencia diaria intervienen muchos aspectos interrelacionados que no son únicamente propios a nosotros; pero, a su vez, tendría que significar que existe una conciencia por la que sabemos que las características individuales no desaparecen.

El que esto escribe, es una persona con ceguera. Ella ahí está, en todo lugar y en todo momento, pero, al utilizar una computadora para escribir no es discapacitado porque tiene las herramientas necesarias para hacerlo; sin embargo, sí es persona con discapacidad al pedir ayuda para detener el camión que lo llevará a su destino, pues no existen condiciones para que por sí mismo lo haga de manera independiente.

Del mismo modo pasa en aquel amigo con hemiplejia: Él, llega con su silla de ruedas a la escuela donde labora, entra, sube a través de las rampas a la planta alta del inmueble, da sus clases y luego regresa a su casa en su camioneta; no obstante, es una persona con discapacidad porque en su colonia no puede andar entre las calles llenas de baches, postes, jardineras y autos atravesados en el que debería ser su paso.

En ambos casos, no es la particularidad de las personas la que les discapacita, sino la interacción de la ceguera o de la hemiplejia con las características del medio en que se ubican.

De ahí la importancia de que las condiciones políticas, sociales, culturales, económicas y educativas en que nos encontramos las personas con discapacidad, respondan a nuestras especificidades, y no solo físicas, sino de cualquier tipo.

En el “Día Internacional de las Personas con Discapacidad” y desde la realidad que vivimos ¿Cómo pensar en escuelas, sociedades y en una nación incluyente?

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