SOBRE EDUCACIÓN ESPECIAL Y EL CICLO ESCOLAR 2019-2020.

*Víctor Santos Catalán

Mañana inician las clases del ciclo escolar 2019–2020 en Educación Básica, y también, nos acercamos a las fechas de discusión de las leyes reglamentarias en materia educativa.

Uno de los aspectos que genera mayor controversia es el de la falsa dicotomía entre Educación Especial o Educación Inclusiva, debido a que los apóstoles de la inclusión, así lo plantearon en la Secretaría de Educación Pública, al igual que en las cámaras de diputados y senadores.

Ya que el poder legislativo se mostró falto de compromiso político con la sociedad el pasado periodo ordinario de sesiones, y no se animó a otorgar rango constitucional a la Educación Especial, los maestros, maestras, estudiantes con discapacidad y sus familias, debemos mantenernos a la expectativa de las discusiones y presionar para que, por lo menos, en la próxima Ley General de Educación la mantengan como modalidad educativa.

Ello está establecido en el Artículo Noveno de la ley vigente, y de no quedar así, los legisladores incumplirían con el criterio de progresividad, pero sobre todo, le darían un golpe certero a la educación para estudiantes con discapacidad y/u otros requerimientos específicos.

La importancia de que la conserven como modalidad educativa, radica en que si la colocan como opción, servicio o programa, en automático sería prescindible, pues su presencia y operación quedaría sujeta a la buena voluntad y a la disposición presupuestal, o sea, al sobrante del dinerito.

La desaparición de Educación Especial no será inmediata, con cierre de los Centros de Atención Múltiple y desaparición de los servicios de apoyo, pero su desmantelamiento será sistemático como hasta ahora, sin asignación de recursos económicos, sin creación de escuelas, sin completar los equipos interdisciplinarios y sin creación de nuevas plazas –muerte por inanición-.

La tarea de la inclusión no es responsabilidad única de la Educación Especial, ni de sus maestros especialistas, pues, existen muchos aspectos relacionados con garantizar el derecho a y en la educación a las y los estudiantes con discapacidad. Este campo disciplinar, se orienta hacia el fortalecimiento del aprendizaje de habilidades y herramientas concretas para la vida diaria y la independencia.

Sin embargo, la Educación Especial y sus docentes poco o nada tienen de injerencia en mejorar la infraestructura de los centros escolares; en abatir la pobreza, la desigualdad estructural y la falta de cobertura del Sistema Educativo Nacional; ni en el diseño curricular de los modelos educativos, que por falta de contenidos y aprendizajes para la vida diaria, dejan fuera de participación a muchos estudiantes con discapacidad.

El funcionamiento articulado de todos los elementos implicados en la educación de personas con discapacidad, aunque aún es una noción elemental, podría considerarse como inclusión. Es decir, que la Educación Especial es sólo una parte de la Educación Inclusiva.

Sobre inclusión, exclusión, lucro, imposición, derechos y “antiderechos”.

*Redacción Educación Especial Hoy

La batalla por la “inclusión educativa” de las personas con discapacidad, se asemeja a una cruzada donde el culto de moda, mayoritario, más popular y “políticamente correcto”, intenta imponerse a toda costa, demostrar su supremacía y eliminar a cualquier práctica o persona que se atreva a cuestionarlo o no acceda a formar parte de sus feligreses. Reflexionando y analizando la situación, los Derechos Humanos han sido lo menos importante en esta batalla por el dominio de las conciencias; al igual que en las cruzadas, estamos ante una guerra económica y de poder.

Un acto en apariencia sencillo, como respetar el derecho a decidir de padres y alumnos con discapacidad, parece imposible de aceptar, comprender y llevar a cabo; porque no puede existir otro camino ni otra verdad más que la promulgada por los “apóstoles de la inclusión”, fieles creyentes en los mandatos de la ONU, UNESCO, OCDE, BM y FMI.

Mientras esta batalla se lleva a cabo, las condiciones de vida de las personas con discapacidad en México no mejoran y enfrentamos retrocesos importantes en la atención educativa a este sector de la población.

Recapitulemos:

  1. Más de 3 millones de niños, niñas y adolescentes en edad de cursar la Educación Básica y con algún requerimiento específico de aprendizaje, se encuentran excluidos del Sistema Educativo Nacional sin que el Estado y los apóstoles de la inclusión se preocupen por ello.
  2. Los migrantes, adultos, indígenas, personas en situación de calle y personas privadas de su libertad con discapacidad, tampoco están en su agenda; su energía e intereses se concentran únicamente en demostrar que ellos tienen razón, que Educación Especial debe desaparecer y que nosotros somos los “antiderechos”, como nos han bautizado.
  3. Los servicios de Educación Especial, continúan en proceso de desmantelamiento y en muchas comunidades rurales o indígenas simplemente no existen; en esas mismas comunidades tampoco hay escuelas o las existentes están en condiciones paupérrimas e indignas; eso tampoco parece preocuparles, incluso pugnaron por la eliminación de la Educación Indígena, afortunadamente los legisladores no se atrevieron a tanto.
  4. Las brechas de discriminación, exclusión, deserción y acoso escolar, han aumentado; el discurso “integrador” y ahora el “incluyente” han tenido el efecto opuesto a lo que promulgan. El problema principal, es que se han mantenido en eso: en un discurso bonito.
  5. La formación de maestros de Educación Especial en las Escuelas Normales Públicas está a punto de eliminarse; situación aprovechada por una gran cantidad de instituciones “patito” para ofrecer todo tipo de especializaciones, maestrías, doctorados, cursos, diplomados y hasta planeaciones para la atención educativa de las personas con discapacidad o requerimientos específicos de aprendizaje. Por supuesto, avalados por la SEP, por una módica cantidad de dinero, te conviertes en especialista. ¿Complicidad, negocio y ganancias compartidas?
  6. La Secretaría de Educación Pública (SEP), parece no tener claridad sobre la diferencia entre Educación Especial e Inclusión Educativa; asumiendo a la segunda, “irónicamente” como exclusiva de las personas con discapacidad; la iniciativa para la Ley General de Educación (LGE), presentada por Morena y elaborada por la SEP, es evidencia de su confusión.
  7. Académicos, especialistas, expertos y maestros que en algún momento defendieron e hicieron grandes contribuciones al campo disciplinar de la Educación Especial; se han alineado con el discurso oficial y desde sus escritorios, niegan el derecho de quienes lo requieren, a beneficiarse de esta modalidad educativa. Bajo la bandera de los enfoques “críticos” y “anti-capacitistas” de la discapacidad, legitiman la moda inclusiva, la negación de la diferencia y la imposición. ¿Conveniencia?
  8. La educación para personas con discapacidad, ha entrado en la última etapa de Teletonización; de pronto, los grupos empresariales y medios de comunicación a través de célebres periodistas, han aumentado su interés por la inclusión educativa, pugnan por la eliminación de las “escuelas especiales” y la inclusión total.
  9. Que Mexicanos Primero, Fundación Azteca y el Movimiento Tres Doce, estén metiendo mano específicamente en nuestra modalidad educativa, no es casualidad, altruismo ni genuina defensa del derecho a la educación.
  10. Los ataques, se centran exclusivamente en los servicios públicos; las ONG’s, IAP’s, AC’s, fundaciones y otras instituciones privadas que ofrecen servicios educativos o laborales a personas con discapacidad, podrán seguir trabajando y cobrando tranquilos porque los “defensores del derecho a la inclusión”, no se van a meter con ellos y no los van a cuestionar. Para ellos, los servicios públicos de Educación Especial, son los únicos anticonstitucionales, segregadores y discriminatorios.
  11. La exclusión ha sido reconocida constitucionalmente, y la etiqueta de “excepcionales”, impuesta a los alumnos con necesidad de apoyos educativos especializados, ha sido ampliamente aceptada y celebrada; afirmándose que se trata de un término de Derechos Humanos.
  12. La responsabilidad de la inclusión educativa, está siendo colocada únicamente en el maestro, sin que la SEP explique con claridad de qué manera se llevará a cabo la transformación educativa que se han dedicado a anunciar con bombo y platillo . Seguimos y seguiremos en la simulación.
  13. El secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, decidió entregar la rectoría del SEN a la iniciativa privada mientras el presidente Andrés Manuel López Obrador, afirma todos los días que “ya no hay corrupción ni compadrazgo en el gobierno”.
  14. La SEP, no ha realizado una consulta a las personas con discapacidad que asisten a las escuelas públicas y a sus familias; consulta que debe realizarse en los términos que establecen la Convención Sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD) y la Observación General N° 7 del Comité de Discapacidad de la ONU; si vamos a ser incluyentes, hagámoslo bien y de acuerdo a la ley.
  15. La Estrategia Nacional de Inclusión Educativa (ENIE), se centra únicamente en las personas con discapacidad que ya están dentro del SEN; excluyendo a las otras poblaciones en condición de vulnerabilidad y a los más de 3 millones de niños, niñas y adolescentes mencionados en el punto 1.
  16. Para la “construcción” de la famosa estrategia, también se excluyó a alumnos y padres de familia; la opinión de los maestros de Educación Especial y de Educación Básica, tampoco importa para la SEP; pretenden “consultarlos” cuando la ENIE ya está prácticamente construida. Otra simulación.
  17. Curiosamente, la problemática de Educación Especial, ha sido ignorada en todos los foros de análisis y discusión sobre la Reforma Educativa y las Leyes Secundarias, de todas las propuestas presentadas, la redacción demuestra que se retomó poco o casi nada. El poder de los grupos empresariales se impuso al deber y compromiso de los legisladores de la “Cuarta Transformación”. Ni un solo padre de familia o alumno con discapacidad participó en la última ronda de Audiencias Públicas.
  18. Únicamente un reducido número de personas no vinculadas al Movimiento Tres Doce, fuimos invitados a las mesas de trabajo para la construcción de la ENIE; ha sido una dura batalla contra decisiones que parecen haber sido tomadas hace mucho tiempo (recordemos que la propuesta ciudadana “Acceso Efectivo a la Educación Inclusiva”, fue presentada, recibida y avalada por la SEP, el pasado 20 de marzo). Es posible que algo cambie, es más posible que se trate de otra simulación; seguimos y seguiremos dando la batalla con argumentos sólidos.
  19. La SEP afirma que Educación Especial no va a desaparecer, sin embargo, el Secretario de Educación Pública, declaró que no hay presupuesto para esta modalidad ¿Nos dejarán morir por inanición?
  20. El modelo social de la discapacidad, está siendo usado a modo para eliminar o reducir al mínimo, la oferta educativa para personas con discapacidad a nivel público; el enfoque de Derechos Humanos y los ya en esencia excluyentes tratados internacionales, también fueron manipulados, trasquilados y reducidos a instrumentos para justificar el negocio y la imposición.

Habiendo repasado algunas de las problemáticas educativas (no acabaríamos de enumerar todas), nos preguntamos:

¿Cuál Inclusión? ¿Cuál respeto al derecho a la educación?

Imprescindible no equivocarnos; no estamos ante una defensa férrea del derecho fundamental a la educación y el bienestar, estamos ante un negocio lucrativo planeado, organizado e iniciado hace años.

La discapacidad vende y vende mucho.

En un artículo pasado, hicimos una crónica del proceso de desmantelamiento de la Educación Especial en México y de los intereses que hay detrás. También, hemos analizado de qué manera, la Reforma Educativa 2019 y las iniciativas para las Leyes Secundarias, se han alineado para favorecer los intereses de grupos empresariales.

El derecho a recibir Educación Especial en todas sus modalidades, fue borrado de la Fracción II, inciso F, de la iniciativa de reforma al Artículo 3o Constitucional, poco después de que Mexicanos Primero presentara su “propuesta” para eliminar a nuestra modalidad y a Educación Indígena. El dictamen en cuestión ya había sido aprobado en lo general y en lo particular por las Comisiones Unidas de Educación y Puntos Constitucionales; en el pleno de la Cámara de Diputados, no se aprobó ninguna modificación a dicho inciso.

También, es de llamar la atención, que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), ha sido omisa ante las quejas y advertencias sobre la violación a los derechos de las personas con discapacidad, no somos el único grupo que ha acudido a ellos para plantear la problemática educativa; su presidente y otros funcionarios han salido a cámara en eventos organizados por integrantes del Movimiento Tres Doce y la Fundación Teletón.

Imaginemos la cantidad de dinero que llegará a las instituciones de educación y asistencia privada si permitimos la reducción o eliminación de la oferta pública; imaginemos y recordemos que el Estado mexicano lleva años asignando recursos a fundaciones como Teletón y a las Orquestas Infantiles “Esperanza Iris” de Fundación Azteca; recursos que deberían ser invertidos en mejorar y crear servicios públicos.

Las situaciones arriba mencionadas, son de dominio público, sin embargo, han sido pocos los defensores de derechos humanos que se han pronunciado en contra de esa cadena de irregularidades y corrupción; desde este espacio les preguntamos:

  • ¿Acaso hay una escala de derechos que merecen ser defendidos y otros que no?
  • ¿Acaso el problema es que los afectados son los más pobres, los invisibles, los que nunca se han detenido a mirar?
  • ¿Acaso la violencia, imposición y maltrato a los alumnos de escuelas públicas y a sus familias, no es digna de su atención?
  • ¿Dar cumplimiento a rajatabla los designios de la ONU, es más importante que el respeto a la dignidad humana?

Cuándo se viola impunemente el derecho de las personas con discapacidad y sus familias a ser consultados, opinar y participar de las decisiones que les afectan directamente; cuando se lucra con la educación de uno de los grupos más vulnerables, y cuando se guarda silencio ante la injusticia ¿Quiénes son los antiderechos?

A estas alturas, es difícil afirmar que el presidente Andrés Manuel López Obrador, no está enterado de lo que ocurre en la SEP y de los vínculos de su Secretario de Educación Pública con aquellos que están tomando las decisiones en materia educativa ¿Debemos asumir la Teletonización como una omisión de la 4T, o como parte de su política educativa?

Al magisterio mexicano y a las familias, nos toca asumir una dolorosa verdad:

Fuimos engañados, la Reforma Educativa 2013 nunca se abrogó y la nueva llegó para arraigar aún más el modelo educativo neoliberal; la privatización de la educación es un hecho, y Educación Especial es la primera víctima de un negocio muy rentable.

También nos toca, defender la educación pública, a nuestros alumnos y a la Educación Especial.

Ante este panorama, y si tanto el modelo social de la discapacidad como el enfoque de Derechos Humanos; sirven únicamente para imponer, violentar, negar la diferencia, solapar el lucro y destruir las identidades colectivas; nos asumimos orgullosamente como #Antiderechos.

Enlaces de interés:

https://www.quintoelab.org/falsafilantropia/

https://educacionespecialhoy.com/2019/07/11/educacion-especial-en-mexico-cronica-de-un-desmantelamiento-anunciado/

https://www.gob.mx/sep/es/articulos/boletin-no-38-garantizara-gobierno-de-mexico-educacion-a-todas-las-personas-con-alguna-discapacidad-esteban-moctezuma-barragan?idiom=es

https://www.proceso.com.mx/385184/teleton-negocio-privado-con-fondos-publicos

Defender la Educación Especial en México: una tarea de todos.

*Redacción Educación Especial Hoy

La filosofía de la inclusión entendida desde su complejidad relacional y estructural, aplicada con sentido crítico en el ámbito de la educación pública de nuestro país, podría ser positiva en sí misma, ya que buscaría ir más allá de que el Estado reconozca y responda educativamente a sus diferentes poblaciones; es decir, de que su educación esté bajo el costo y conducción del sector público, a fin garantizarles este derecho humano fundamental.

El sentido crítico de la inclusión a la educación y en la educación, consiste, en identificar, estudiar y eliminar los diferentes dispositivos de dominación y opresión que obstaculizan la autodeterminación y el desarrollo singular de cada diferencia, pues de no ser así, de lo único que se pudiera hablar y discutir, sería de un mecanismo meramente técnico de absorción, donde cada vez más minorías fueran homogeneizadas legítimamente.

Ese mecanismo meramente de absorción, que poco, o nada tiene que ver con la noción “de educación inclusiva”, es llamado por Aldo Ocampo (2018) “fracaso cognitivo”, del que por lo menos, se identifican tres características que lo retratan:

a) La interpretación que hacen los investigadores de la noción respecto de la “educación inclusiva”, está erróneamente relacionada con sólo las formas epistémicas de la “educación especial”, obstaculizando así, la aproximación a su objeto deconstruccionista real; es decir: la inclusión NO ES un sustituto de la Educación Especial.

b) Expresa un conjunto de equívocos de interpretación sobre la comprensión del objetivo real de la “educación inclusiva”, haciendo énfasis en el adjetivo inclusivo, y como resultado de ello, se transfiere una carga semiológica que refuerza el equívoco de lo inclusivo como sinónimo de lo especial.

c) Como parte de los errores en la interpretación de los investigadores, se construye un mundo discursivamente diferente, al tiempo que, los problemas de discriminación, exclusión y marginación que se viven en la vida cotidiana, se agrandan y operan sobre estructuras desgastadas y afectadas por la crisis de representación.

El precepto de atención a la diversidad de la “educación inclusiva”, significa que los sistemas ponen en marcha diferentes estrategias y modos para que todos los grupos sociales, y cada persona en lo particular, además de tener acceso al sistema educativo -derecho a la educación-, encuentren en él, las formas y los apoyos para fortalecer sus identidades individuales y colectivas –derecho en la educación; y de este modo, con puntos de intercección, pero, con fronteras también bien delineadas, la educación toma distancia de ideas de estandarización, homogeneización, e imposición de culturas hegemónicas.

Así como una forma de concretar la inclusión para poblaciones originarias es la “Educación Indígena”, con la que se debieran fortalecer las colectividades, sus maneras de organización social y política, así como las construcciones del conocimiento no oxidentalizado; y, así como con la “Perspectiva de Género” se pretende incluir a hombres, mujeres y a todas las expresiones que retratan la diversidad sexual, y mediante la que se debieran romper las relaciones heteropatriarcales de poder; para concretar la inclusión en los casos de la población con discapacidad, se debe tomar en cuenta, transformar, ampliar e implementar la “Educación Especial”, cuya finalidad, sea garantizar la satisfacción de las necesidades específicas de aprendizaje de las y los estudiantes.

Hablamos entonces, de tres vertientes singulares o específicas que, con caminos y focos distintos buscan garantizar en el plano de lo real, el derecho a y en la educación desde la perspectiva inclusiva.

Sin embargo, algunos promotores de la inclusión en México, que se aventuran como los omnisapientes, ponen en evidencia sus “fracasos cognitivos” y su desconocimiento del tema de manera amplia, pues presentaron y avalaron propuestas relacionadas únicamente con las personas en situación de discapacidad; y peor aún, su reduccionismo les llevó a pensar que la Educación Especial es nada más la escolarización en espacios segregados, cuando en las realidades de nuestras escuelas de nivel básico no es así.

De este modo, con el impulso y apoyo de la Secretaría de Educación Pública (SEP), grupos empresariales, medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil, los diputados y senadores de la república,  aprobaron la “Reforma Educativa 2019” que retoma, muy, pero muy a la ligera, la noción de inclusión, y que de hecho, aplicando análisis del lenguaje o del discurso a lo aprobado, resulta más excluyente que si no estuviera.

Por un lado, en el inciso F de la Fracción II del artículo 3º Constitucional, se establece que la educación “será inclusiva”, limitando dicha cualidad a Accesibilidad, Ajustes Razonables y Medidas Específicas con el objetivo de eliminar Barreras para el Aprendizaje y la Participación (BAP); y por el otro, en el decimoctavo transitorio del mismo artículo, se precisa que “la Educación Especial en sus diferentes modalidades se impartirá en situaciones excepcionales”.

Así, la vinculación de lo inclusivo con lo excepcional, presenta dos nociones que semánticamente resultan  irreconciliables entre sí, pues, si tomamos en cuenta que para la RAE, “inclusión” significa “ser parte o formar parte de”, y que para la misma fuente, la “excepción” significa “exceptuando algo o a alguien”, se legitimaron dos categorías valorativas de ciudadanos: los meritorios de ser parte del Sistema Educativo Nacional, y los que, por diversas circunstancias no lo merecen.  

Aquí es donde caben varios cuestionamientos que deben ser respondidos por el Poder Legislativo:

  • ¿Así queremos orientarnos hacia la “inclusión” y la “justicia social”?  
  • Si en palabras simples la inclusión nos hace pensar que para todos todo, y que por obviedad, ello no significa lo mismo ni del mismo modo, ¿De cara a qué estamos?,
  • Si A todos los estudiantes que requieren de la intervención de educación especial los tendremos que categorizar valorativamente como excepcionales, ¿No es esto más excluyente y marginal?
  • ¿La ignorancia de quienes promueven la “Educación Inclusiva” de este modo, será genuina? O hay alguna intención de fondo que ha sido maquillada con el discurso políticamente correcto de “respeto a los Derechos Humanos”.

La defensa de la “Educación Especial”, no es una lucha profesional por la conservación del empleo, como pregonan muchos para justificar su “fracaso cognitivo”, ni una resistencia al cambio en el estado de las cosas, porque de hecho, urge repensar y reorientar la operatividad actual de esta modalidad educativa, con todo y los espacios que ciertamente, pero razonadamente, son segregados y responden a determinadas necesidades.

La defensa de la Educación Especial, pretende abonar desde un enfoque de derechos, que todas y cada una de las personas con discapacidad ejerzan su educación en el plano de lo real, pues, no basta tenerlos en cualquier escuela para decir que están incluidos y que se garantiza su derecho; y tampoco es suficiente, la transformación de las infraestructuras físicas educativas con rampas y canaletas para los bastones, pues ello, se queda en el ámbito de la accesibilidad y beneficia sólo a personas con discapacidades visual o motriz.

El trabajo escolar y curricular para estudiantes con discapacidad, implica la consideración de múltiples diferencias y requerimientos a los que el sistema educativo debe responder: características físicas, procesos cognitivos, métodos de enseñanza especializada, interacciones contextuales, entre otras que cambian de acuerdo a cada discapacidad.

Y finalmente, por ética profesional, debemos tener en cuenta y evitar la injusticia a la que se someterán a las escuelas y a los maestros frente a grupo, que de por sí han sido puestos en condiciones aúlicas paupérrimas, y que en la obligación de recibir a todos los estudiantes que lo soliciten (lo cual no está mal y se apega al enfoque de derechos) sin el acompañamiento de equipos multidisciplinarios para un trabajo corresponsable, su trabajo será tremendamente más exigente y serán evaluados con mayor severidad.

La defensa de la Educación Especial, tampoco debería corresponder únicamente a los profesionales que nos formamos en ello, ni al sector de personas con discapacidad y sus familias, pues, este es un asunto transversal que impacta en todos los niveles educativos en su generalidad.

Pese a que urge repensarla y reorientar su operatividad para trabajar de manera articulada y de mejor forma, defender la Educación Especial, es un acto de justicia social y educativa.

Pensar críticamente los “enredos” genealógicos de la Educación Inclusiva. 1/2

*Redacción Educación Especial Hoy

La comprensión de la estructura teórica, epistemológica y metodológica de la Educación Inclusiva, inscribe un terreno complejo y contingente, caracterizada por una nebulosa que afecta a los modos de aproximación de su objeto. Tradicionalmente, sus fuerzas analíticas y formas condicionales, han sufrido un efecto de sujeción a través de los modos epistémicos tradicionales proporcionados por la Educación Especial, consecuencia teórica que deviene en un doble fracaso cognitivo.

1. Expresa un conjunto de equívocos de interpretación sobre la comprensión del objeto auténtico de la Educación Inclusiva, enfatizando en el adjetivo ‘inclusivo’. Producto de ello, se ha transferido una carga semiológica que enfatiza en lo inclusivo como expresión de lo especial, focalizando su atención, en la incorporación de colectivos históricamente excluidos de diversos planos de la vida social, política, cultural y escolar, a las mismas estructuras gobernadas por las diversas expresiones del poder, asumiendo de esta forma, el proceso de inclusión como un problema técnico -absorción de grupos minoritarios-.

A pesar de inscribir el objeto en lo inclusivo, se observa cómo a través de éste, se han movilizado mediante de sus marcos disciplinarios disponibles, la búsqueda de sistemas intelectuales que permitan resolver diversos problemas vinculados a la justicia social y educativa, cristalizando un campo de la vagancia epistemológica. En efecto, el problema se reduce a la incapacidad de vincular saberes y recursos metodológicos que permitan leer el presente, evitando pensar en términos dicotómicos y asegurando condiciones de vida más vivibles.

La Educación Inclusiva es un fenómeno y concepto estructural y relacional, mientras que, en términos objetuales, expresa un carácter abierto, ambivalente, intersticial y post-disciplinar. En este marco, la inclusión, no es otra cosa que, un complejo y esperanzador campo de transformaciones, específicamente, de la gramática -formato- social, política, económica, ciudadana y escolar.

La ubicación de su objeto erróneamente en lo inclusivo, ha restringido el potencial deconstruccionista y transformacional que reclama este enfoque. De ahí, su carácter macro-educativo.

La construcción del conocimiento de la Educación Inclusiva forja un pensamiento alternativo de las alternativas que busca la creación de nuevos modos de lectura e intervención en la realidad -requiere de este modo, garantizar el surgimiento de una pragmática epistemológica-, evitando reproducir implícitamente un conjunto de valores y contenidos intelectuales que confirman bajo toda perspectiva, aquello que no es la inclusión.

2. El segundo equívoco persistente en la construcción de su conocimiento, se debe a los errores de aproximación de los investigadores a su objeto, contribuyendo con ello, a construir un mundo discursivamente diferente, al tiempo que, pragmáticamente, los problemas educativos se agrandan y operan sobre estructuras desgastadas y afectadas por la crisis de representación. La especificidad de la Educación Inclusiva, releva la incapacidad de los modelos teóricos y sus elementos conceptuales para leer el presente y, en particular, abordar multidimensionalmente, los fenómenos que son capturados en este dispositivo.

De este modo, se requiere de la proposición de una nueva gramática como forma de pensar lo educativo. En suma, requiere de un nuevo vocabulario para enfrentar la tarea educativa en el siglo XXI.

La necesidad de una nueva gramática, queda definida en términos de comprensión de las obstrucciones y de los ejes de dislocación que enfrentan los modos tradicionales de definir el sentido de la Educación Inclusiva, evitando apoyarse en los supuestos analítico-metodológicos sobre los cuales fueron organizados sus ámbitos de sustentación que, en la actualidad, se emplean como errores en la construcción de su conocimiento. Su estatus de pre-construcción, demanda la elaboración de conceptos y categorías que permitan develar la autenticidad de dicho modelo, al tiempo que fomenten la emergencia de un terreno fértil para hacer florecer dichas ideas, principios y categorías.

De lo contrario, el estudio de las condiciones de producción no tiene mayor relevancia que en un ámbito netamente teórico. Su propósito, consiste en crear cuerpos de saberes que constituyan una alternativa de las alternativas, propendiendo a una pragmática epistemológica para intervenir en la realidad. Se requiere entonces, avanzar en la creación de conceptos que permitan leer desde otros lugares la realidad, permitiendo reconocer como se organizan las estrategias que participan en dicha transformación, así como la creación de nuevos mundos.

La Educación Inclusiva no posee una teoría, más bien, se articula ininteligiblemente a través de un conjunto de discursos, disciplinas e influencias de naturaleza heterogénea. Por esta razón, es posible afirmar que, no presenta una estructura teórica clara, sino que, opera a través de un conjunto de sistemas de reproducción implícita de marcos conceptuales con incidencias diseminales.

Su epistemología (Ocampo, 2017) expresa un funcionamiento diaspórico, diseminal, heterotópico y post-disciplinar. Es una expresión de la constelación, la plasticidad, la permeabilidad, el movimiento, la relación y el pensamiento del encuentro. Configura una disposición histórica específica de verdad, integrada por múltiples disciplinas, métodos, objetos, influencias, territorios, discursos, objetivos, etc.

La naturaleza diaspórica de la Educación Inclusiva, no sólo permite acceder a la comprensión de los ejes de dispersión de sus saberes articuladores, sino más bien, reconoce a través de una análisis multiaxial, diferentes legados y memorias epistémicas, procedentes de campos disciplinares y discursos de naturaleza heterogénea. Todo ello, permite concebir su campo de producción en términos de dispositivo performativo, compuesto por vínculos intensos y heterogéneos.

El enredo de genealogías, se concibe como hebras de diversa naturaleza que a partir de determinados puntos de emergencias analíticas, pueden entrecruzarse o bien, deslindarse y derivar hacia otros rumbos, teniendo en algún aspecto coincidencias y anudamientos en torno a su objeto. En el caso específico de la Educación Inclusiva, estas, remiten a la identificación de una multiplicidad de centros de emergencia que tienen lugar al interior de una determinada periodización y gramática intelectual; evidenciando estrategias de aperturación y dislocación, convirtiéndose en una oportunidad relevante en la transformación del saber.

La comprensión de los enredos genealógicos, permite preguntarnos acerca de la naturaleza y la tipología de conexiones que pueden ser establecidas entre diversas disciplinas, discursos, métodos, campos y geografías epistémicas que, a través de su actividad científica, coinciden en algún punto con el objeto de la Educación Inclusiva, al tiempo que develan su carácter trans-científico.

Pensar analítica y metodológicamente sobre su enredo de genealogías, supone concebir cada una de las disciplinas y discursos que confluyen y garantizan su conocimiento, como diferentes géneros en común. La confluencia de sus disciplinas, métodos, objetos, teorías, influencias, etc., nunca expresa un funcionamiento armónico.

Es un terreno que presenta un determinado tipo de confluencias, donde cada marco disciplinario expresa un estatus de singularidad.

Los enredos genealógicos, se caracterizan por generar un interés común entre diversos métodos, objetos, teorías, influencias, disciplinas y discursos, los cuales intersectan en un punto particular y reclaman condiciones de legibilidad, respecto de la autenticidad del fenómeno en el que confluyen. Los campos de confluencia por lo general, presentan características diferentes del objeto de ensamblamiento del que participan.

De esta forma, el espacio de confluencia queda definido por elementos de naturaleza heterogénea, propiedad de la yuxtaposición de diversas posiciones de saberes y recursos metodológicos, “donde lo permitido y lo prohibido se interrogan de forma perpetua; donde lo aceptado y lo transgresor se mezclan imperceptiblemente” (Brah, 2011, p.240). En este espacio se debaten los mecanismos de pertenencia, proximidad y lejanía.

Los enredos genealógicos como categoría analítico-conceptual, no sólo alcanzan su expresión a través del movimiento, la interconexión, los entrecruzamientos, sino más bien, por la migración, la dislocación, la transmigración de saberes, conceptos, teorías, métodos, influencias y sus mezclas, dando paso a la proliferación de un nuevo objeto y saber. El espacio diaspórico (Brah, 2011), o la diáspora epistémica (Ocampo, 2016b), determina las condiciones de interseccionalidad del saber y sus posibilidades de transmigración derivados de distintas fronteras del conocimiento, para explorar los movimientos de saberes más allá de una simple condición de migración de sus elementos.

El saber auténtico de la Educación Inclusiva, es un saber en permanente movimiento, forjando un saber del presente, cuyas fuerzas analíticas se orientan a la transformación de todos los campos de la Ciencia Educativa, específicamente, intentando develar sistemas intelectuales que permitan construir un pensamiento alternativo para pensar y problematizar las alternativas en lo educativo. Entre sus principales desafíos, se observa la necesidad de avanzar en la cristalización de nuevas formas de teorización crítica, así como, trabajar en la identificación de las tareas críticas, específicamente, en términos epistemológicos, políticos y éticos, que enfrenta la inclusión en tanto mecanismo de transformación de la educación para el siglo XXI.

Ésta, debe ser entendida como un simple devenir de la educación, pues, la racionalidad que moviliza no es otra cosa que sentar condiciones analíticas, metodológicas que permitan iniciar una praxis educativa basada en la construcción permanente de justicia social. En Suma, la Educación Inclusiva, debe ser entendida como la movilización de nuevas racionalidades para comprender el aprendizaje, los modos de habitar la escuela, la escolarización, aprender a identificar y a intervenir en los obstáculos complejos que atraviesan a una amplia y extensa multiplicidad de estudiantes, antes que articular su tarea en sistemas de enmarcamiento que sitúan su función en términos de un problema técnico.

En cuanto a la construcción de su conocimiento, la Educación Inclusiva, no se encuentra fija en ninguna disciplina, sino más bien, viaja y se moviliza por diversas disciplinas, métodos, objetos, teorías, influencias, etc., tomando lo mejor de cada campo, con el objeto de someterlo a traducción –crear condiciones de legibilidad respecto de la autenticidad del fenómeno en análisis-, es decir, crear condiciones de legibilidad sobre cada aporte, con el propósito de crear un nuevo saber y objeto de conocimiento. Dos demandas teóricas complejas y contingentes.

Si bien es cierto, la configuración de su campo de producción es conformada por un amplio espectro de aportes y transferencias disciplinarias, la fabricación de su saber recure a la experiencia migratoria, a los ejes de movilidad y desterritorialización, a la ecología de saberes, a la traducción científica y a la examinación topológica. Todos éstos elementos, permiten afirmar que, la Educación Inclusiva es una teoría sin disciplina, puesto que, organiza su actividad científica en los intersticios de las disciplinas, extrayendo lo mejor de ellas, sometiendo dichas extracciones a traducción, y posterior creación de sus saberes auténticos.

Más bien, su actividad científica se orienta hacia la movilización de las fronteras de las disciplinas, apelando a la ruptura/actualización de sus límites, evitando caer en radicalismos, e invitando a rescatar lo mejor de cada marco con el objeto de fabricar algo nuevo. La Educación Inclusiva no puede ser estudiada sin referir a la noción de red, concebida como metáfora clave en la construcción y análisis de conceptos científicos.

Foucault (1985) sostendrá que, la red es un mecanismo de conexión entre diversos puntos que son capturados en una misma espacialidad. Ella, en este marco analítico, comprende una asociación imaginaria basada en una malla, tejido, un conjunto de elementos entrelazados de manera reticular.

Las condiciones de producción de la Educación Inclusiva, no logran ser fecundas en la medida que no emerja un nuevo terreno que permita hacer florecer las ideas que ésta comprensión epistemológica se plantea. Supone un vínculo de relación y conectividad entre el pasado y el presente, sin embargo, bajo ningún punto de vista se convierte en una borradura de lo anterior -marcos disciplinarios heredados-, tampoco conduce a la adopción de apriorismos simplistas, dirigidos a describir los errores que en el pasado pudieron tener lugar.

Más bien, centra su actividad en la legibilidad de dichas contribuciones en el presente de cada fenómeno. No se propone crear la base de lo nuevo, que sólo reúna diversas actividades conceptuales, epistemológicas y metodológicas, sino que, además, produzca un nuevo saber y objeto a través de un conjunto de intercambios.

Resumen de:

Ocampo, A (2018). Educación inclusiva: una teoría sin disciplina. Legados y recuperación de los saberes diaspóricos para una epistemología heterotópica. Pp. 4 – 10.

Tomado de: https://www.researchgate.net/publication/330968533_Educacion_Inclusiva_una_teoria_sin_disciplina_Legados_y_recuperacion_de_los_saberes_diasporicos_para_una_epistemologia_heterotopica