Defender la Educación Especial en México: una tarea de todos.

*Redacción Educación Especial Hoy

La filosofía de la inclusión entendida desde su complejidad relacional y estructural, aplicada con sentido crítico en el ámbito de la educación pública de nuestro país, podría ser positiva en sí misma, ya que buscaría ir más allá de que el Estado reconozca y responda educativamente a sus diferentes poblaciones; es decir, de que su educación esté bajo el costo y conducción del sector público, a fin garantizarles este derecho humano fundamental.

El sentido crítico de la inclusión a la educación y en la educación, consiste, en identificar, estudiar y eliminar los diferentes dispositivos de dominación y opresión que obstaculizan la autodeterminación y el desarrollo singular de cada diferencia, pues de no ser así, de lo único que se pudiera hablar y discutir, sería de un mecanismo meramente técnico de absorción, donde cada vez más minorías fueran homogeneizadas legítimamente.

Ese mecanismo meramente de absorción, que poco, o nada tiene que ver con la noción “de educación inclusiva”, es llamado por Aldo Ocampo (2018) “fracaso cognitivo”, del que por lo menos, se identifican tres características que lo retratan:

a) La interpretación que hacen los investigadores de la noción respecto de la “educación inclusiva”, está erróneamente relacionada con sólo las formas epistémicas de la “educación especial”, obstaculizando así, la aproximación a su objeto deconstruccionista real; es decir: la inclusión NO ES un sustituto de la Educación Especial.

b) Expresa un conjunto de equívocos de interpretación sobre la comprensión del objetivo real de la “educación inclusiva”, haciendo énfasis en el adjetivo inclusivo, y como resultado de ello, se transfiere una carga semiológica que refuerza el equívoco de lo inclusivo como sinónimo de lo especial.

c) Como parte de los errores en la interpretación de los investigadores, se construye un mundo discursivamente diferente, al tiempo que, los problemas de discriminación, exclusión y marginación que se viven en la vida cotidiana, se agrandan y operan sobre estructuras desgastadas y afectadas por la crisis de representación.

El precepto de atención a la diversidad de la “educación inclusiva”, significa que los sistemas ponen en marcha diferentes estrategias y modos para que todos los grupos sociales, y cada persona en lo particular, además de tener acceso al sistema educativo -derecho a la educación-, encuentren en él, las formas y los apoyos para fortalecer sus identidades individuales y colectivas –derecho en la educación; y de este modo, con puntos de intercección, pero, con fronteras también bien delineadas, la educación toma distancia de ideas de estandarización, homogeneización, e imposición de culturas hegemónicas.

Así como una forma de concretar la inclusión para poblaciones originarias es la “Educación Indígena”, con la que se debieran fortalecer las colectividades, sus maneras de organización social y política, así como las construcciones del conocimiento no oxidentalizado; y, así como con la “Perspectiva de Género” se pretende incluir a hombres, mujeres y a todas las expresiones que retratan la diversidad sexual, y mediante la que se debieran romper las relaciones heteropatriarcales de poder; para concretar la inclusión en los casos de la población con discapacidad, se debe tomar en cuenta, transformar, ampliar e implementar la “Educación Especial”, cuya finalidad, sea garantizar la satisfacción de las necesidades específicas de aprendizaje de las y los estudiantes.

Hablamos entonces, de tres vertientes singulares o específicas que, con caminos y focos distintos buscan garantizar en el plano de lo real, el derecho a y en la educación desde la perspectiva inclusiva.

Sin embargo, algunos promotores de la inclusión en México, que se aventuran como los omnisapientes, ponen en evidencia sus “fracasos cognitivos” y su desconocimiento del tema de manera amplia, pues presentaron y avalaron propuestas relacionadas únicamente con las personas en situación de discapacidad; y peor aún, su reduccionismo les llevó a pensar que la Educación Especial es nada más la escolarización en espacios segregados, cuando en las realidades de nuestras escuelas de nivel básico no es así.

De este modo, con el impulso y apoyo de la Secretaría de Educación Pública (SEP), grupos empresariales, medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil, los diputados y senadores de la república,  aprobaron la “Reforma Educativa 2019” que retoma, muy, pero muy a la ligera, la noción de inclusión, y que de hecho, aplicando análisis del lenguaje o del discurso a lo aprobado, resulta más excluyente que si no estuviera.

Por un lado, en el inciso F de la Fracción II del artículo 3º Constitucional, se establece que la educación “será inclusiva”, limitando dicha cualidad a Accesibilidad, Ajustes Razonables y Medidas Específicas con el objetivo de eliminar Barreras para el Aprendizaje y la Participación (BAP); y por el otro, en el decimoctavo transitorio del mismo artículo, se precisa que “la Educación Especial en sus diferentes modalidades se impartirá en situaciones excepcionales”.

Así, la vinculación de lo inclusivo con lo excepcional, presenta dos nociones que semánticamente resultan  irreconciliables entre sí, pues, si tomamos en cuenta que para la RAE, “inclusión” significa “ser parte o formar parte de”, y que para la misma fuente, la “excepción” significa “exceptuando algo o a alguien”, se legitimaron dos categorías valorativas de ciudadanos: los meritorios de ser parte del Sistema Educativo Nacional, y los que, por diversas circunstancias no lo merecen.  

Aquí es donde caben varios cuestionamientos que deben ser respondidos por el Poder Legislativo:

  • ¿Así queremos orientarnos hacia la “inclusión” y la “justicia social”?  
  • Si en palabras simples la inclusión nos hace pensar que para todos todo, y que por obviedad, ello no significa lo mismo ni del mismo modo, ¿De cara a qué estamos?,
  • Si A todos los estudiantes que requieren de la intervención de educación especial los tendremos que categorizar valorativamente como excepcionales, ¿No es esto más excluyente y marginal?
  • ¿La ignorancia de quienes promueven la “Educación Inclusiva” de este modo, será genuina? O hay alguna intención de fondo que ha sido maquillada con el discurso políticamente correcto de “respeto a los Derechos Humanos”.

La defensa de la “Educación Especial”, no es una lucha profesional por la conservación del empleo, como pregonan muchos para justificar su “fracaso cognitivo”, ni una resistencia al cambio en el estado de las cosas, porque de hecho, urge repensar y reorientar la operatividad actual de esta modalidad educativa, con todo y los espacios que ciertamente, pero razonadamente, son segregados y responden a determinadas necesidades.

La defensa de la Educación Especial, pretende abonar desde un enfoque de derechos, que todas y cada una de las personas con discapacidad ejerzan su educación en el plano de lo real, pues, no basta tenerlos en cualquier escuela para decir que están incluidos y que se garantiza su derecho; y tampoco es suficiente, la transformación de las infraestructuras físicas educativas con rampas y canaletas para los bastones, pues ello, se queda en el ámbito de la accesibilidad y beneficia sólo a personas con discapacidades visual o motriz.

El trabajo escolar y curricular para estudiantes con discapacidad, implica la consideración de múltiples diferencias y requerimientos a los que el sistema educativo debe responder: características físicas, procesos cognitivos, métodos de enseñanza especializada, interacciones contextuales, entre otras que cambian de acuerdo a cada discapacidad.

Y finalmente, por ética profesional, debemos tener en cuenta y evitar la injusticia a la que se someterán a las escuelas y a los maestros frente a grupo, que de por sí han sido puestos en condiciones aúlicas paupérrimas, y que en la obligación de recibir a todos los estudiantes que lo soliciten (lo cual no está mal y se apega al enfoque de derechos) sin el acompañamiento de equipos multidisciplinarios para un trabajo corresponsable, su trabajo será tremendamente más exigente y serán evaluados con mayor severidad.

La defensa de la Educación Especial, tampoco debería corresponder únicamente a los profesionales que nos formamos en ello, ni al sector de personas con discapacidad y sus familias, pues, este es un asunto transversal que impacta en todos los niveles educativos en su generalidad.

Pese a que urge repensarla y reorientar su operatividad para trabajar de manera articulada y de mejor forma, defender la Educación Especial, es un acto de justicia social y educativa.

Un comentario en “Defender la Educación Especial en México: una tarea de todos.”

  1. Inclusión no significa atención, mucho menos especializada, se me viene a la mente el maestro de grupo y pienso en la manera que él como profesional en la educación, tiene la responsabilidad de desarrollar la enseñanza apropiada que esta sujeta al diagnóstico del alumno con algún problema motriz, visual, auditivo, etc. Su acción pedagógica en el diario convivir escolar de su práctica docente, implica la tarea de diversos factores que orienten que los contenidos de los aprendizajes logren ser adquiridos por todos los alumnos, incluyendo a aquel alumno con la discapacidad, aunado a esta condición, la personalidad única de cada individuo, porque aunque el diagnóstico medico o psicológico sea el mismo, no todos aprenden de la misma manera ni al mismo ritmo.
    De ahí la importancia de la necesidad de apoyo al maestro de grupo, el cual también requiere ser tomado en cuenta, es justo reconocer y no por delimitar y justificar, la actitud que un maestro de grupo toma, el no sentirse preparado o desconocer la metodología que coadyuve al logro de los aprendizajes que estos alumnos en específico requieren, la compañía del maestro (a) en Educación Especial le es necesaria, sino es que urgente ahora con la Educación Inclusiva que no tiene marcha atrás.
    La situación que se vislumbra en la Educación Inclusiva no solo es de enfoque, como lo dije al principio, inclusión no significa atención, si la percepción de la misma se quiere relacionar con la Educación Especial, que no es del dominio del docente de grupo, imaginemos ahora la incógnita y expectación del qué, quién, cómo, cuándo y con quién éste profesional de la educación lograra desarrollar los aprendizajes esperados.
    Sin embargo, espero no equivocarme en que el docente en Educación Especial seguirá colaborando y elaborando en conjunto con el maestro de grupo, todas aquellas acciones o tareas requeridas para lograr los aprendizajes esperados en cada grado escolar con aquellos alumnos que requieran el apoyo, aunque bajo una nueva perspectiva o directriz, es decir, con un conjunto de normas e instrucciones bajo el enfoque de la Educación Inclusiva que de manera acertada, un buen número de licenciados profesionales en la Educación Especial, han debatido y expuesto el enfoque que la misma presenta, y que no es acorde, así se ha expresado, al respeto de los derechos de los niños y niñas en Educación Básica que presentan una discapacidad.
    En lo personal, espero, que la Secretaría de Educación Pública precise claramente los lineamientos que pretende desarrollar y que incidirán sin lugar a duda en el trabajo docente del maestro de Educación Especial en las leyes secundarias, que tengo entendido se llevarán a cabo en el mes de septiembre. Gracias

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